Isidoro Bernardo Arredondo

Nació en Colmenar de Oreja el 11 de noviembre de 1655, siendo bautizado en la iglesia parroquial el 22 del mismo mes y año. Fueron sus padres don Cristóbal Arredondo y doña Águeda Lanieta, seguramente acomodados hacendados locales, quienes a la vista de las buenas disposiciones de su hijo para el dibujo, decidieron mandarlo a Madrid para que se perfeccionase en aquel arte.

Su primera educación debió hacerla con José García Hidalgo, pues el propio maestro así lo declara, con evidente orgullo al hablar de sus enseñanzas:«en cuyos principios estudiaron dos (discípulos) en particular, que el uno es don Isidro de Redondillo, segundo pintor de Cámara de Su Majestad que por su mucha destreza y valentía gozó la plaza que tenía el insigne don Francisco Rizi que está en gloria...».También Palomino lo recoge así, aprovechando para echar su puya contra García («hombre de raro y extravagante humor») y subrayar que Arredondo estuvo con él sólo unos meses.

Pasó luego al taller de Francisco Rizi cuya amistad y favor hubo de granjearse de inmediato, trabajando con él obras reales. La protección de Rizi se manifestó inmediatamente en otros aspectos, casándolo con una ahijada suya, doña María de Veguillas, criada de su casa, y sobre todo gestionando su nombramiento como pintor del Rey. Gracias a la ayuda de Ricci, entonces pintor de Cámara de Carlos II, el joven Arredondo pudo conocer las grandes obras maestras de la pintura europea que se guardaban en las colecciones reales, lo que le permitió completar su formación artística.

El nombramiento, sin gajes lo obtiene el 16 de julio de 1685, es decir, apenas un mes antes de la muerte de su maestro. Palomino, que fue su amigo y le elogia con generosidad y afecto, no deja de anotar la sorpresa—y sin duda envidia— que ese nombramiento produjo: «la primera noticia que tuvimos de que había tal pintor en el mundo, fue haberle hecho merced de su Pintor el señor Carlos Segundo, y con el goce y gajes desde luego».El goce de los gajes los obtuvo, efectivamente, el día 12 de agosto, inmediatamente después de la muerte de su maestro, haciéndosele efectivos el 11 de octubre. Narra Palomino también, en la vida de Rizi, una anécdota a él referida que quizás refleje, junto a la prudencia y hombría de bien del maestro, una cierta arrogancia juvenil del discípulo:«habiendo herido un soldado de la Guardia a Isidoro Arredondo (discípulo suyo, que después fue Pintor del Rey) lamentándose mucho Rizi de este atrevimiento delante del Rey (a cuya noticia llegó el caso) y preguntándole Su Majestad quien había sido el agresor para castigarle, respondió Rizi (siendo así que lo conocía muy bien) que con la confusión del suceso no le podría decir a Su Majestad quien era». En el testamento de Rizi de Agosto de 1685, el joven Arredondo, que cuenta apenas veintiocho años, y es ya «pintor del Rey», figura como su testamentario, junto a su viuda, recibiendo además «todos los papeles de dibujos, libros tocantes a la pintura,  escultura y arquitectura, y asimismo los colores, compases y trazas pertenecientes a la pintura».

Declara además Rizi, que debe a su discípulo cinco mil reales de vellón, que ordenase paguen de sus bienes, y afirma que «algunos borroncillos tiene hechos de su mano el dicho Arredondo; mando se los dejen sacar, debajo de su conciencia, por el amor y voluntad que siempre le he tenido».

Palomino afirma que «mucho le importó a Isidoro esta herencia, pues ayudado de este caudal, no se le ofrecía obra en que no encontrase diseño, traza o dibujo de su maestro para su desempeño».En 1688, en el mes de julio solicita la plaza de Ayuda de la Furriera en Palacio, porque «ha servido en el discurso de diez años en todo lo que en este tiempo se ha ofrecido, asistiendo y pintando con él (Rizi) ya en comedias como en todo lo demás...y al presente ha empleado seis meses en hacer diez y ocho papeles luminados de la comedia de fiesta de años de su V.R. Majestad que son los que V.R. Majestad ha visto, y habiendo logrado el aplauso de ser del gusto de V.R. Majestad, que es su mayor galardón fervorizando su espíritu para muchos empeños». 
No parece que obtuviese la plaza y no hay documentos posteriores de trabajos palaciegos. Sabemos, sin embargo, por Palomino, que en 1690 trabaja en las obras realizadas en el Retiro con motivo de la venida de doña Mariana de Neoburgo, la segunda esposa de Carlos II, en 1690.

El 1 de mayo de 1695, Isidoro Arredondo remitió un memorial a Carlos II solicitando de nuevo la plaza de ayuda de la Furriera. En él expresaba que “era pintor de Vuestra Majestad, el mas antiguo y que puestos a sus reales pies dice que en 16 años de servicios en que se ha empleado en todas las hobras que en este tiempo se an ofrecido en las Reales Casas, como también en aderezos y dibujos de Comedias, en ningún tiempo se le ha hecho merced ni remunerazión alguna, si la de haver sido nombrado para ello que es su mayor merito para balerse en la ocasión presente o Suplicando a Vuestra Magestad le honre con la plaza de la furriera para lo cual pide y suplica a Vuestra Magestad se despache este por su Real Decreto a consulta del condestable de que el suplicante recibiera merced de Vuestra Magestad.”

El memorial de Arredondo fue enviado por Carlos II al condestable de Castilla para que informase sobre la petición del pintor, pero ello quedó sin respuesta.

El 11 de junio de 1698 pide lo que se le debe en Palacio («que no era poco», según dice Sánchez Cantón) por «hallarse en grande estrechez de medios y obligación de mujer y cuatro hijos» .

El 17 de noviembre de 1700, a la muerte de Carlos II y como pintor del Rey, es nombrado, juntamente con Ruiz de la Iglesia y Luca Giordano, tasador de los bienes dejados por el rey difunto. Los trabajos de la tasación se extienden a lo largo de los meses sucesivos. 

En su producción pictórica se aprecia la influencia de Claudio Coello, pintor al que Arredondo se acercó tras la muerte de su maestro. 

El 9 de febrero de 1702, Isidoro Arredondo otorgaba en Madrid su testamento y última voluntad. En el citado documento se declara natural de Colmenar de Oreja, y pide ser enterrado con el hábito de San Francisco en la iglesia parroquial de San Nicolás, “donde soi parrochiano o en la donde lo fuere al tiempo de mi fallecimiento”. Establece que el día de su entierro se dijese por su alma una misa de cuerpo presente y cincuenta más rezadas en los días sucesivos.

Como herederos de todos sus bienes nombraba a los cuatro hijos habidos en su matrimonio con María de Veguillas: Félix, María, Mariana y Teresa. Isidoro Arredondo murió en Madrid en los primeros días del mes de marzo de 1702, “mientras le sangraban”, según recuerda su amigo y biógrafo Palomino. 
Tras la muerte de Arredondo se procedió a inventariar y tasar todos sus bienes y pertenencias, pero no hemos podido hallar el documento original, sino tan solo una especie de borrador, que no obstante su desorden y falta de algunas partidas, es una importante fuente de información sobre el artista de Colmenar de Oreja.

Santa Clara
La colección del artista se componía, entre otras, de obras originales de Rubens, Velázquez, Tiziano, Herrera y Ricci, así como copias de Luca Giordano, Juan de Juanes, Rubens y Van Dyck.

La obra pictórica de Arredondo, o por lo menos, la conservada, es escasa, aunque por la documentación que poseemos sobre el artista podemos intuir que aquella fue abundante. Como otros muchos pintores de la época, Arredondo realizó tanto composiciones al fresco como cuadros de caballete. Entre las primeras hay que citar las pinturas que ejecutó en la bóveda de la iglesia de Atocha. También eran de su mano el ciclo de frescos con la historia de Psiquis que, según Palomino, realizó en la galería del cierzo del Alcázar de Madrid.


San Luis Obispo
Perdidos aquellos conjuntos murales, solo nos queda de Arredondo muy pocas muestras de su quehacer artístico. En 1693 están fechados los cuadros para los retablos laterales de la iglesia madrileña del convento de Nuestra Señora de Constantinopla. Ambas obras, hoy en el Museo del Prado, representan respectivamente a Santa Clara ahuyentando a los infieles con la custodia  (imagen izquierda) Óleo sobre lienzo de 250 x 180 Cm. y a San Luis, Obispo, en Gloria (imagen derecha)  Óleo sobre lienzo de 263 x 189 Cm. 

Del cuadro de Santa Clara se conserva en la Galería Nacional de Escocia en Edimburgo un dibujo preparatorio, realizado “ligeramente a lápiz negro y trabajando luego con pluma y aguada sepia ligera (imagen izquierda). El San Luis Obispo, de composición ascendente y soberbia técnica en el tratamiento de las telas, es obra de mayor enjundia que puede codearse con otras dos obras maestras de la pintura madrileña de la época, el San Hermenegildo, de Herrera el Mozo, pintado en 1654, y el San Agustín, de Claudio Coello, fechado diez años más tarde. 

Santa Gertrudis
También en 1693 están fechados los dos lienzos que sobre la vida de San Eloy, patrón de los plateros, realizó Arredondo para la iglesia de San Salvador en Madrid. El San Eloy socorriendo a los pobres, es una obra de gran complejidad compositiva, con figuras nerviosas y fondo arquitectónico enormemente teatral.

En los dos cuadros anteriores se aprecia el gusto por las composiciones dinámicas y las arquitecturas suntuosas en los fondos, en las que se pone de manifiesto el estudio de la «cuadratura», como se observa también en la atribuida Santa Gertrudis con San Agustín y la Santísima Trinidad del Bowes Museum de Barnard Castle (Durham). Óleo sobre lienzo de  246,3 x 163,8 cm.(imagen izquierda)


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Juan Rodríguez Duran